Es la razón de que yo no razone.
lunes, 16 de abril de 2012
viernes, 13 de abril de 2012
Cuentos en Ikea
Al fondo a la izquierda se encontraba el salón. No era demasiado grande, pero la robusta mesa de roble, combinada a la perfección con cuatro sillas tapizadas en piel, era lo que más llamaba la atención. Sí, resultaba acertado afirmar que tenía una cabeza muy bien amueblada.
La armonía de la decoración era correcta, como debía ser, a prueba de manchas, rasguños y roces. Sin embargo, no estaba preparada pra los imprevistos. Al vivir en una zona de interior no contaba con recursos para defenderse de las catástrofes naturales. Remotas, sí, pero naturales. Significa que no es extraño que sucedan alguna vez en la vida. Por eso, cuando el terremoto la azotó con fuerza, todo ese pequeño hogar interior que había construido meticulosamente se derrumó por completo.
Fue un desastre absoluto, pero natural. Después del largo y arduo trabajo que supuso limpiar todos los escombros, decidió que debía comenzar la rehabilitación. Los muebles no se habían destrozado del todo, si bien los daños que habían sufrido eran más que graves: a las sillas se les rasgó la tapicería, las cortinas de seda estaban deshilachadas, el piano había perdido parte de sus teclas y la imponente mesa de roble estaba coja.
Para reconstruir cada habitación comenzó a hacer algo que tiempo atrás le hubiera resultado impensable: pidió ayuda. Se dejó aconsejar y aceptó todos los regalos y muebles que le ofrecieron las personas que desde fuera sintieron su temblor. Sorprendentemente también recibió donaciones de aquellos que no se habían percatado de la catástrofe. Qué extraño.
Poco a poco su cabeza se volvió habitable de nuevo, aunque la estructura no era muy parecida a la que había antes, pese a conservar los cimientos. Las sillas eran cada una de una clase: de plástico, de madera, plegables, y hasta una moderna silla de masajes. Las cortinas resultaban muy llamativas, porque estaban formadas por retales de distintas telas y muchos colores. No eran tan sofisticadas como antes, y tampoco impedían del todo que pasaran los rayos del sol, pero al menos no sumían la sala en aquella oscuridad tan rotunda que en el pasado la asustaba. Para el piano no había conseguido recolectar todas las teclas que faltaban, pero no le importó, todavía podía tocar el Himno de la Alegría. Y la mesa nunca volvió a ser la misma, pero se volvió idónea para tomar el té rodeada de cojines.
Nada combinaba con nada. Todo desentonaba. Y aún así sintió que nunca antes había tenido la cabeza tan bien amueblada.
La armonía de la decoración era correcta, como debía ser, a prueba de manchas, rasguños y roces. Sin embargo, no estaba preparada pra los imprevistos. Al vivir en una zona de interior no contaba con recursos para defenderse de las catástrofes naturales. Remotas, sí, pero naturales. Significa que no es extraño que sucedan alguna vez en la vida. Por eso, cuando el terremoto la azotó con fuerza, todo ese pequeño hogar interior que había construido meticulosamente se derrumó por completo.
Fue un desastre absoluto, pero natural. Después del largo y arduo trabajo que supuso limpiar todos los escombros, decidió que debía comenzar la rehabilitación. Los muebles no se habían destrozado del todo, si bien los daños que habían sufrido eran más que graves: a las sillas se les rasgó la tapicería, las cortinas de seda estaban deshilachadas, el piano había perdido parte de sus teclas y la imponente mesa de roble estaba coja.
Para reconstruir cada habitación comenzó a hacer algo que tiempo atrás le hubiera resultado impensable: pidió ayuda. Se dejó aconsejar y aceptó todos los regalos y muebles que le ofrecieron las personas que desde fuera sintieron su temblor. Sorprendentemente también recibió donaciones de aquellos que no se habían percatado de la catástrofe. Qué extraño.
Poco a poco su cabeza se volvió habitable de nuevo, aunque la estructura no era muy parecida a la que había antes, pese a conservar los cimientos. Las sillas eran cada una de una clase: de plástico, de madera, plegables, y hasta una moderna silla de masajes. Las cortinas resultaban muy llamativas, porque estaban formadas por retales de distintas telas y muchos colores. No eran tan sofisticadas como antes, y tampoco impedían del todo que pasaran los rayos del sol, pero al menos no sumían la sala en aquella oscuridad tan rotunda que en el pasado la asustaba. Para el piano no había conseguido recolectar todas las teclas que faltaban, pero no le importó, todavía podía tocar el Himno de la Alegría. Y la mesa nunca volvió a ser la misma, pero se volvió idónea para tomar el té rodeada de cojines.
Nada combinaba con nada. Todo desentonaba. Y aún así sintió que nunca antes había tenido la cabeza tan bien amueblada.
lunes, 26 de marzo de 2012
Contraste
De niños absorbemos la verdad a medias que nos repiten constantemente: hemos de ser buenos, lo cual nos exige serenidad, discreción y, sobre todo, no rebelarnos contra lo que es ley. Sin embargo, tienden a olvidarse, de manera consciente, de la parte de la lección que realmente nos será necesaria en nuestro futuro.
La existencia, la vida, no es buena. Ni mala. La existencia se define por el mero hecho de ser, de existir. Y ser, conlleva inevitablemente contradicciones, encrucijadas, caminos que se bifurcan (o trifurcan), decisiones que tomar y consecuencias que asumir. Pero nosotros, tan discretos, tan silenciosos y buenos, tememos molestar, y ni siquiera nos atrevemos a decir "estoy aquí". Por esta razón, son muchas las ocasiones en las que dejamos que otros dirijan las elecciones que se presuponen nuestras, por temor a errar o a provocar un conflicto.
Si tan sólo esa verdad a medias que nos contaron hubiera sido una verdad entera... Nos hubieran revelado que quien vive siempre con los pies en la tierra y no vuela, no cae, pero tampoco se levanta más fuerte. Que aquel que camina sin querer despegar la mirada del suelo, no se tropieza, pero tampoco descubre el placer de hacer el ridículo y reírse de uno mismo. Que quien no eleva la voz, jamás será criticado, pero también se perderá los elogios que le dirijan. Que quien no se deje seducir por el peligro, no resultará herido, pero tampoco podrá descubrir quién es capaz de ayudarle a curar el dolor que haya sufrido. Y, por último, por irónico que resulte, sabríamos desde niños que lo que más llena de brillo nuestra existencia es aumentar su contraste.
La existencia, la vida, no es buena. Ni mala. La existencia se define por el mero hecho de ser, de existir. Y ser, conlleva inevitablemente contradicciones, encrucijadas, caminos que se bifurcan (o trifurcan), decisiones que tomar y consecuencias que asumir. Pero nosotros, tan discretos, tan silenciosos y buenos, tememos molestar, y ni siquiera nos atrevemos a decir "estoy aquí". Por esta razón, son muchas las ocasiones en las que dejamos que otros dirijan las elecciones que se presuponen nuestras, por temor a errar o a provocar un conflicto.
Si tan sólo esa verdad a medias que nos contaron hubiera sido una verdad entera... Nos hubieran revelado que quien vive siempre con los pies en la tierra y no vuela, no cae, pero tampoco se levanta más fuerte. Que aquel que camina sin querer despegar la mirada del suelo, no se tropieza, pero tampoco descubre el placer de hacer el ridículo y reírse de uno mismo. Que quien no eleva la voz, jamás será criticado, pero también se perderá los elogios que le dirijan. Que quien no se deje seducir por el peligro, no resultará herido, pero tampoco podrá descubrir quién es capaz de ayudarle a curar el dolor que haya sufrido. Y, por último, por irónico que resulte, sabríamos desde niños que lo que más llena de brillo nuestra existencia es aumentar su contraste.
sábado, 24 de marzo de 2012
El hombre del piano
Nunca antes había mirado con tanta intensidad como aquella noche, ni creo siquiera que sea capaz de repetirlo. Meritorio, teniendo en cuenta que la mayor parte del tiempo mantuve los ojos cerrados. Recuerdos, historias, fantasías, deseos y miedos entrelazados. Él tan sólo se encargó de dibujar la música, no para el acompañamiento, sino para la esencia. De poner, no reparando en ello, un título a cada uno de los momentos que evocaba sin apenas pensar. Le bastaba con sentir. Y no era el único en hacerlo. Al salir, inconscientemente, todos anduvimos cabizbajos y ligeramente ruborizados. No era de extrañar, jamás nos habíamos desnudado de una manera tan integral ni delante de un público tan numeroso.
miércoles, 21 de marzo de 2012
Aquiles
Sin ánimo ninguno de mostrar aires de grandeza ni ser tomada como una heroína de la mitología griega, reconoce que también tiene su particular talón. Más de uno, incluso. Sin embargo, el más latente, uno de los más evidentes, comprensibles y difíciles de disimular de repente se estaba desdibujando. Sus límites cada vez eran más difusos y su fuerza se hallaba prácticamente a nivel del suelo. Como si de una mancha de polvo se tratara, una sutil brisa de aire bastaría para cambiar su estado de zona vulnerable a recuerdo remoto, ni siquiera a un mal sueño. Al descubrir esta mágica verdad, no le quedó más remedio que inflar el pecho y prepararse para soplar.
domingo, 18 de marzo de 2012
No hay proa sin popa
La embarcación llevaba navegando un tiempo considerable. Durante esos meses, tal y como sucede en los cuentos infantiles de buenas noches, había sufrido varias transformaciones, pasando de ser un barquito de papel, frágil e inestable, a una tímida barca de remos, llegando incluso a convertirse en una imponente carabela. Y a pesar de que la tripulación continuaba siendo la misma, la dirección estaba cada vez más definida y las condiciones climáticas estaban siendo favorables, todavía la sujetaban algunas amarras al puerto del que zarpó. Aún así, estaba consiguiendo deshacerse de ellas, pero siempre despacito y con paciencia. Pues los marineros más sabios son conscientes de que si cortaran súbitamente las cuerdas que les unen con el inicio de su viaje, podrían desorientarse y perder el rumbo por completo.
domingo, 11 de marzo de 2012
Script
El mensaje es idéntico en ellas. Para una desde, para la otra hacia, pero en ambas las palabras son de dentro. Eso es lo que lo hace tan bello. Así que aunque las noticias no sean buenas, les pido por favor que no maten al mensajero. Abrácenlo. Siempre.
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