viernes, 21 de enero de 2011

Caramelo


Lo recuerda perfectamente. De toda la cesta, su envoltorio era el que más brillaba, el que más llamaba la atención. En realidad estaba escondido entre otros caramelos, lo cual hacía que su valor fuera aún mayor. Él lo había descubierto, tenía que ser una señal. Tenía delante lo que nadie más había logrado apreciar. No lo pensó. Le costó mucho, mucho tiempo y esfuerzo deshacerse del papel charol. Estaba coquetamente envuelto, y sus expectativas iban creciendo al tener ante sí lo que creía un diamante embruto. Cuando finalmente pudo saborearlo, sonrió satisfecho. No podía haber imaginado nada mejor, tan suave, tan delicado, tan sutil. Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo se fue dando cuenta. Ya nada le sabía igual. Ya no probaba ninguna golosina, puesto que tenía la certeza de que no encontraría ningún ejemplar que estuviera a la altura de su exquisita joya. Dejó de abandonarse al placer y se sumió en un sinsentido vacío de sensaciones. Sólo le quedaba aferrarse al recuerdo del sabor de aquel caramelo. Y así transcurrieron sus días, demostrando que, en ocasiones, la sabiduría popular no es tan sabia como parece. Al fin y al cabo, ¿a quién le amarga un dulce?.



martes, 18 de enero de 2011

Piel


De todos los pecados que podías cometer, abundante oferta en estos tiempos de hedonistas, has tenido que escoger la prudencia. Has de saber, querida pupila, que por mucho cemento que utilices para rellenar tus zapatos, llegará un día que no podrás dirigir tus pasos en línea recta, controlada, medida, calculada y planificada. Ojalá pudiera espiarte desde un recoveco, presiento que será apoteósico. Y deja de morderte los labios, joder.



domingo, 9 de enero de 2011

Escarpamiento de magenta


Las personas despistadas suelen divertirme. Sus olvidos tienden a ser, cuanto menos, cómicos, y sus reacciones, tan espontáneas, me inspiran cierta ternura. Evidentemente, cuando no implican ninguna situación trágica o una pérdida irreparable. Como la vida es así de paradójica, siempre desde el eufemismo, yo, que durante toda mi existencia me he jactado de mi (auto)control, cometí un error de cálculo y perdí una de mis pertenencias más valiosas. Alienación, le llaman algunos. Jean Anouilh hablaba de donaciones por encima de todo. Por mi parte, en un declarado acto de rebeldía, he decidido disentir de los sabios y he tomado la determinación de que a partir de ahora todos los préstamos que realice irán acompañados de una garantía de devolución. Ah, no. No pienso volver a tener que preguntar quién eras tú y qué hiciste conmigo.


lunes, 27 de diciembre de 2010

El día en que Lady Like se convirtió en Wonderwoman


Podría hablar del año nuevo, pero es artificial. Cuando un ciclo termina es debido a que otro comienza, pero si se trata de un proceso lineal y continuo, no se nota el corte, no se siente el cambio. Por lo tanto, no. Podría hablar de los monstruos de debajo de la cama, dentro del armario y de los que se esconden tras las esquinas. Aquellos a los que no temo. Y también de los que tienen más peligro, los monstruos de hipotálamo. Pero hoy no los quiero recordar. Podría hablar de los "isis" y los "yanos", que me acompañan desde hace algún tiempo y que resisten toda tentativa de ignorarlos. Pero ya es suficiente su protagonismo, no es preciso alimentar su ego. Voy a dejar de lado los condicionales y las predicciones, ya ha quedado demostrado que la (clari)videncia no es lo mío.
Adiós, Lady Like.



jueves, 23 de diciembre de 2010

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Sin pimienta, gracias.
Solo sal.


jueves, 16 de diciembre de 2010

Agridulce


Finales anticipados que se prolongan durante años. El resultado de una despedida lenta, dosificada y absurda es este. Anestesia. No hay lágrimas. No hay dolor. No hay alivio. Nada. La sensibilidad se ha disipado y ha dejado lugar a otras sensaciones desvinculadas del adiós.
Hasta siempre.


viernes, 3 de diciembre de 2010

Misino.


Paciencia… resiliencia… ¿reverencia?... ¡resistencia!... cargo-de-conciencia.
Siempre termina igual.